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Entre 1845 y 1850, el político, jurista y geógrafo Pascual Madoz redactó una de las obras cumbres de la cartografía e historiografía española: el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Un trabajo enciclopédico de 16 tomos y más de 15.000 páginas diseñado para inventariar cada rincón del país.
En el Tomo V (Madrid, 1846), Madoz dedica una exhaustiva entrada a la villa de Calpe, retratando la realidad social, económica, arqueológica y defensiva de una comunidad marinera y agrícola muy alejada del núcleo turístico internacional actual.
En 1845, Calpe perteneńa a la provincia de Alicante (a 8 leguas) y al partido judicial de Callosa de Ensarriá (a 3 leguas). Se asentaba sobre una loma a 800 palmos del mar, encajonada entre el cabo Toix y el Peñón de Ifach.
Población: Contaba con 355 vecinos y 1.320 almas (habitantes).
Entramado urbano: La villa albergaba unas 300 casas de «pobre aspecto» y modesta construcción, una Casa Consistorial, una cárcel «muy mezquina» y la Iglesia Parroquial de la Virgen de las Nieves.
Educación: Disponía de una escuela de primeras letras a la que asistían únicamente 30 niños, con un sueldo para el maestro de 2.900 reales vellón.
Clima y salud: Aunque calificado de «temperado y saludable», en años lluviosos la población padecía fiebres tercianas (paludismo) causadas por el estancamiento de las aguas del barranco Salado y de las antiguas salinas abandonadas (el Saladar).
Calpe conservaba una clara impronta militar debido a los siglos de vulnerabilidad ante la piratería berberisca y argelina:
Las murallas: Estaba fortificada por dos recintos amurallados. El primero rodeaba el casco urbano (excluyendo el arrabal); el segundo se ubicaba en el centro del pueblo y contaba con tres fuertes de batería.
Atalayas en el Peñón: Para avisar a labradores y pastores de los ataques de corsarios argelinos, se utilizaba la cumbre del Peñón de Ifach como punto de vigía estratégico. Los guardias trepaban a la cima superando paredes verticales de 800 palmos mediante tres tramos de sogas sujetas a la roca.
La economía calpina de mediados del siglo XIX estaba fuertemente marcada por la estructura de la propiedad y la aridez del suelo costero:
Problema agrario: El terreno producía algarrobas, almendras, trigo, cebada, vino y pasa de moscatel. Sin embargo, la agricultura no prosperaba porque la mayoría de las tierras pertenecían a terratenientes de la vecina Benissa, desincentivando el trabajo de los campesinos locales.
Actividad pesquera y contrabando: Ante la escasez agrícola, los vecinos se volcaban en la pesca marítima, disponiendo de almacenes en la playa. Madoz destaca además el peso del «comercio ilícito» (contrabando), una práctica habitual favorecida por la abundancia de calas desprotegidas y la orografía accidentada de los montes.
Cabaña económica: Presupuesto municipal de 6.000 reales vellón, capacidad productiva de 1.157.000 rs. y contribuciones de 8.007 rs.
Madoz ofrece un detallado análisis náutico para los navíos de la época:
Condiciones de fondeo: La ensenada ofrecía abrigo frente a los vientos del Este al socaire del Peñón, recomendado solo en verano a 7 brazas sobre fondo de arena y alga.
Peligros náuticos: Se advertía seriamente a las embarcaciones de las violentas ráfagas y remolinos de viento que descendían bruscamente de la ladera del Peñón con viento fresco del E-NE, capaces de dañar la arboladura o hacer zozobrar los barcos.
Uno de los apartados más extensos del texto recoge las expediciones arqueológicas iniciadas por Antonio José Cavanilles en mayo de 1792:
Baños de la Reina: Descripción detallada del yacimiento de 6 balsas excavadas en la roca, comunicadas entre sí mediante compuertas de madera y canales para la entrada de agua marina. En 1845 ya presentaban deterioro por el embate de las olas.
Pavimentos de Mosaico Romano: Descubrimiento de múltiples habitaciones cuadradas y circulares compuestas por teselas de mármol blanco y negro. Destacaba un mosaico con una maceta central de la que brotaba una parra con racimos, pajarillos, alas humanas y un ratón bocabajo, prueba inequívoca de las opulentas villas y casas de campo romanas de la antigüedad.
Para consultar el texto íntegro redactado por Pascual Madoz en 1846, con todas las dimensiones de los mosaicos, citas en latín y anotaciones históricas:
CALPE - Pascual Madoz (1846) - Texto Integro
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